Inicia tu proyecto: ¿Cuál es tu punto de partida?

Todo proyecto serio de gestión cultural tiene en su origen un punto de partida. La práctica de artistas y gestores no puede llevarse a cabo sin una etapa de reflexión en que nos preguntemos: ¿Cuál es mi punto de partida? De esto dependerá que el diseño del proyecto y su posterior ejecución transiten por buen camino. Como he mencionado en anteriores artículos, las ocurrencias no deberían tener lugar en el ámbito cultural, a pesar de que sea una práctica común. 

  En el medio cultural podemos identificar dos tipos de motivaciones, de puntos de partida, que detonan la elaboración de un proyecto.

  La primera tiene que ver con las ideas que surgen del trabajo creativo de un artista, creador o gestor. La segunda se refiere a proyectos de organizaciones e instituciones, cuyo ámbito de acción está determinado por sus objetivos en el ámbito cultural o social. 

  En el primer caso, es obvio que todo artista como parte de su formación y búsqueda artística dependerá en buena parte de su participación en el medio cultural, por lo que debe tener ciertas herramientas metodológicas de gestión cultural para llevar a la acción sus ideas; esto se hace por medio de la elaboración de proyectos. Un escritor, un músico, un artista plástico o un teatrero podrán desarrollarse mejor si están capacitados en la elaboración de un buen proyecto. En este caso, el punto de partida del proyecto será la formación académica, la práctica y la trayectoria personal las que motivan la elaboración de un buen proyecto. El proceso que lo lleva a concebir un proyecto tendrá un carácter único, determinado por su sensibilidad, su formación, su trayectoria y su visión personal.

  En el segundo caso, la necesidad de elaborar un buen proyecto surge de las necesidades o intereses de organizaciones públicas y privadas, en cuyo caso el proyecto debe cumplir con ciertos lineamientos impuestos por la institución convocante. 

  En uno y otro casos, los proyectos surgen como respuesta a problemáticas o situaciones del contexto en el que están insertos estos agentes culturales. En ambos casos es importante tener claro desde el inicio el por qué estamos elaborando el proyecto. El proceso inicial es tan importante como todas las demás etapas. Si se me permite una licencia poética: es como sembrar una semilla, que desde el principio debe ser regada para que llegue a crecer como un gran árbol y pueda dar frutos. 

  Así pues, cada proyecto cultural tendrá un punto de partida propio; un músico o un editor de una revista tendrán motivaciones muy diferentes para poner manos a la obra en el diseño de un proyecto. Desde antes de redactar las primeras palabras se debe tener claro el por qué queremos echar a andar una idea, no se debe tomar a la ligera esta etapa que precede a todo lo demás.

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