¿QUÉ ES UN PROYECTO?



Un proyecto es la concreción de una idea. Es la recreación intelectual para conseguir los deseos que nos van trazando uno o múltiples caminos. El resultado de la acción de proyectar puede ser un plan, programa o acción de acuerdo con el entorno y alcance del contenido. Un proyecto es lo que hay que hacer, es aquel desafío que centra nuestra atención para conseguirlo, integrando diversos elementos para una construcción permanente. 

  Un proyecto es un proceso de reflexión, de relación permanente entre teoría y práctica, es la acción de previsión y anticipación, un resultado formalizado de nuestras ideas, un instrumento para la negociación, la participación, la gestión e incluso un instrumento de trabajo en equipo. Y muy importante mencionar: es un proceso creativo. También es importante tener en cuenta que el proyecto no es un fin en sí mismo; es un medio instrumental para lograr nuestro fines. 

  Hay que pasar por al menos cuatro fases cuando nos propongamos la elaboración de un proyecto cultural:

1 Diseño y formulación.

2 Gestión de recursos.

3 Producción/ejecución.

4 Evaluación.

  Cada una de estas fases requiere de un desarrollo pormenorizado, por ahora sólo las mencionaré como una primera aproximación a la reflexión sobre la importancia de elaborar bien un proyecto cultural. Además, en un artículo anterior había yo mencionado la imposibilidad de una metodología a manera de "receta" para hacer proyectos culturales, por lo que cada proyecto requerirá de seguir un camino que le sea propio de acuerdo con la formación académica e intelectual de quien o quienes lo elaboran; también es un hecho que cada disciplina artística o cultural impone requerimientos muy distintos al diseño de un proyecto y no se diga a su ejecución.  Aun así, estas cuatro etapas son la ruta indispensable para todo aquel que emprende un proyecto cultural. Cada una de esas etapas debe ser tomada en cuenta.

  Ojalá existiera una estructura única a manera de formulario para que el gestor sólo hubiera de rellenarla como una forma burocrática, pero esto no es así. Por lo que el gestor cultural debe echar mano de toda su capacidad creativa e incluso hacer una exploración intelectual para lograr el diseño adecuado a su proyecto. Siempre debemos tener en cuenta que la finalidad es la de comunicar... comunicar bien una idea, que quienes lean el proyecto tengan una imagen nítida de lo que queremos lograr. El adecuado diseño de un proyecto es el primer e indispensable paso para llegar a la acción, pero hay que tener en cuenta que esto no garantiza que nuestro proyecto sea aprobado y echado a andar de inmediato. Existen proyectos impecables que han quedado sólo en eso, lo cual no debe desanimar al gestor o promotor cultural pues se pueden encontrar opciones diversas para que el proyecto se implemente y no quede sólo en una maravillosa idea que luego es archivada. De aquí que el gestor cultural deba ser un poco obstinado hasta encontrar la fuente de recursos adecuada y siempre estar dispuesto a ser flexible si la gestión de recursos no es lo que esperaba. Esta etapa puede ser la más difícil si no se tiene un poco de paciencia y más difícil aun si no se ha sabido comunicar bien la idea con un buen diseño del proyecto.

 Además, el proyecto no es el fin sí, es sólo el medio; por lo que éste puede ir variando durante la ejecución y aquí es importante que el gestor sepa improvisar en la marcha, pero no depender de la improvisación totalmente. La improvisación suele ser el peor enemigo de algunos llamados "gestores culturales" que por falta de pericia o por desconocimiento no saben diseñar bien un proyecto y luego quieren resolverlo todo en la marcha, lo que sale mal en casi la totalidad de los casos. Si como gestores nos topamos con un imprevisto durante la ejecución de un proyecto, es importante saber resolverlo en el momento pero de ningún modo debemos recurrir a la improvisación por causa de una mala elaboración del proyecto; es recomendable no pasar a la acción si el diseño del proyecto es una bazofia o si éste no existe, pues por increíble que parezca existen personas en el medio cultural que van directo a la acción ante la pereza o ignorancia de diseñar un proyecto.

  En fin, un proyecto es una herramienta indispensable con múltiples utilidades y funciones dentro de una organización o aun tratándose de un proyecto personal. Es el instrumento que comunicará a los otros lo que deseamos llevar a cabo, la idea que nos proponemos. Su elaboración debe hacerse con la mayor de las responsabilidades y con mucha atención a los detalles, es preferible pecar de escrupuloso que dejar un cabo suelto, esto se agradecerá a la hora de su implementación y facilitará la gestión de recursos. Y por supuesto no hay que olvidar que siempre hay que hacer una evaluación de cada una de nuestras acciones a lo largo de todo el proyecto, esto ayudará a evitar la improvisación y a entregar buenas cuentas a los destinatarios o beneficiarios de nuestro trabajo como gestores. 

  Finalmente; es de vital importancia realizar un ejercicio de autoconocimiento respecto de nosotros. ¿Por qué quiero hacer esto? Esta pregunta debe ser respondida con razones de peso y no actuar por mera ocurrencia. Existen personas que actúan en el medio cultural sin un rumbo fijo, que sólo están al tanto de convocatorias o posibles fuentes de financiamiento para postularse y que en ocasiones llegan a ser beneficiadas con estos apoyos... obviamente el resultado suele ser desastroso en la mayoría de los casos. Esto a representado un lastre para el ámbito cultural que de por sí cuenta con escaso apoyo y la presencia de estos personajes retrasa la implementación de proyectos reales de difusión de la cultura. Además desalienta la participación de verdaderos gestores y creadores artísticos y desmotiva a posibles fuentes de financiamiento que de por sí suelen considerar al medio cultural como intrascendente e inútil; la presencia de personajes arribistas, improvisados y sin capacidad para la gestión cultural sólo confirma la idea de inutilidad que tienen algunos grupos sociales hacia el sector cultural.  De ahí la importancia de no caer en la tentación de meterse a gestor cultural sólo por ocurrencia. Hay que hacer una seria reflexión, un ejercicio de autoconocimiento de nuestra persona y de las personas que colaborarán con nosotros, también del entorno político, económico y social. Sólo así se podrá tomar en serio nuestra actividad como gestores en el ámbito cultural. 

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